Hoy era jueves, me levanté como un día normal, enfadado y casado.
Mi madre, como siempre, me despertó a las siete. Pero evidentemente tardé más de diez minutos para salir de la cama.
Desayuné, y me preparé. Me puse las lentillas, y sobre las ocho menos veinte ya estaba listo para ir al autobús que nos llevará a Almendralejo.
-Jesús, sal ya y coge un paraguas que está lloviendo.
-Vale, me voy, adiós.
Salí, y como siempre, un grupo de chicos también se dirigían al autobús.
El autobús, evidentemente, no estaba lejos de mi casa, ya que Torremejía es un pueblo muy chico, y no hay nada, vamos, que siempre que quieres algo tienes que ir a comprarlo fuera.
Legué al autobús, que todavía no estaba. Al rato llegó Carlos.
-Hola.-Le dije, mirando el papel que llevaba en la mano.-¿Qué es eso?
-Uf, es que tengo un examen, es un resumen.-Me dijo, enseñándome el papel.
-De sociales… que… divertido…
-Pero es facilito.
Llegó el autobús, dejamos las mochilas y subimos. Carlos y yo nos sentábamos al lado. Cada día alternábamos quien se sentaba en el lado de la ventana.
Vi que Carlos no me iba a sacar conversación, ya que estaba estudiando. Decidí hablar con Galán.
Galán es mi compañero de toda la vida, desde chicos. Me llevaba bien con él, aunque no tanto como con Carlos. Galán no es su nombre, es su apellido. Su verdadero nombre es Antonio, aunque ya nadie le llama así. Antes, con Galán, se metía todo el mundo, pero ya no… tanto.
Pero entonces… empecé a sentir una rara sensación. Era una sensación que nunca antes había tenido. Era como un cosquilleo, un leve placer por todo el cuerpo y algo de mareo. No sabía por qué tenía esa sensación. Miré a Carlos, que había dejado de mirar el folio, y miraba por la ventana. Yo también miré. Vi un coche azula marino, con una mujer que nos miraba fijamente, pero no tanto como su hija, que iba en el asiento de atrás. Carlos y yo nos quedamos mirándolas fijamente, hasta que ya estuvimos lo bastante lejos como para no verlas.
Carlos me miró.
-Jesús, ¿qué ha sido eso?- Carlos también lo había sentido.
-No lo sé… yo también lo he sentido. Haber, espera.
-Galán.-Le llamé. Me miró al rato, ya que estaba ablando.-¿Tú has sentido algo?
-¿De qué me hablas?
Galán no lo sintió, creo que ya sé más o menos de qué va la cosa.
-Nada, déjalo.-Se puso a hablar con el de su lado.
-No lo ha sentido.-Me dijo Carlos al terminar con Galán.
-Creo que sé por qué es…-Dije dubitativo.-Creo que solo lo sentimos los que tenemos poderes…
-Puede ser, pero ¿por qué empezó esa sensación?
-Empezó cuando miramos a esas personas.
No pudimos pensar más. El autobús había llegado a su destino, Almendralejo.
Bajamos y cogimos las mochilas, listos para ir al instituto.
Cuando yo voy al instituto voy con dos amigos; Piedad y Galán. Carlos no venía con migo porque siempre voy más rápido.
Las clases no fueron nada fuera de lo común. Mi clase y yo nunca nos callábamos y nos llamaban la atención.
En la hora del recreo me encontré con Carlos.
-¡Jesús!-Dijo emocionado.
-¿Qué?-Dije impaciente, se me pegó su emoción.
-A que no sabes una cosa.-Estaba demasiado emocionado.-¡Mañana viene un alumno nuevo a mi clase!
-¡Sí! Que guay.-No hacía falta tanta emoción, fingí.
No pasó nada más interesante en el resto de la mañana.
Cogimos el autobús y nos dirigíamos a Torremejía.
-¿Y no os han dicho nada del alumno nuevo?-Pregunté para sacar un tema de conversación.
-Sí, nos han dicho que tiene nuestra edad, nunca ha repetido. Tiene padres, pero es adoptado.-Carlos siguió.-Ha cambiado de familia muchas veces, y puede tener problemas psicológicos. Dice que es un buen alumno y un buen compañero, y que lo tratemos todo lo bien que podamos. También tenemos que ayudarle a integrarse en el grupo y hablar mucho con él, porque es muy tímido.
-Pues me lo tienes que presentar.-Le dije riéndome.
-Pero espera a que lo conozca, a lo mejor me cae mal… o le caigo mal.
Paramos de hablar, habíamos llegado. Bajamos del autobús y cogimos las mochilas, pero justo cuando nos íbamos a ir… me volvió a entrar esa rara sensación. Miré enfrente mía, estaban allí, la madre y su hija -pensaba- que nos miraban fijamente. Carlos también las estaba mirando, la sensación era muy fuerte, demasiado fuerte, creía que me iba a desmayar o algo parecido.
Seguí mirándolas, Carlos también. No paramos hasta que la chica y la mujer se entraron en el Almeda.
Intentamos disimular, seguimos andando.
-¿Lo has visto?-Le pregunté a Carlos.
-¿Lo has sentido?-Me preguntó.
El camino a nuestras casas lo hicimos en silencio, demasiado en silencio. Nuestras casas estaban muy cercas unas de las otras, a una calle. No aguanté más el silencio, necesitaba hablar antes de llegar a la esquina donde Carlos torcería la esquina y se iría a su casa.
-Carlos… ¿Tu qué piensas sobre la sensación?
-… Ni idea, pienso demasiadas cosas, me duele la cabeza.
No seguimos hablando, no podíamos hablar. Carlos cruzó la esquina y nos despedimos con un simple Adiós. No sabía qué iba a hacer en mi casa, ni como iba a actuar. Evidentemente no podía entrar así en casa, mis padres me preguntarían. Estuve más de un minuto intentando relajarme, delante de mi casa. Entré…
-Hola.-Dije sonriente.
-Hola, venga, a comer.-Me respondieron.
Comimos tranquilos, no me notaron nada…
Intenté estudiar después de comer, pero no fui capaz… no dejaba de pensar en ellas… y en qué estaba pasando con esa sensación tan extraña que nunca antes habíamos sentido… Necesitaba encontrar una respuesta, y en mi casa no iba a hacer nada.
Evidentemente mis padres no me dejaron salir, era demasiado temprano. Esperé hasta las cinco y media, luego me fui.
Fui a llamar a Carlos, que salió muy rápido, se notaba que quería hablar, estaba desesperado.
-Jesús, necesitamos una respuesta.-Me dijo, con un tono alterado.
-Ya lo sé, me como el coco para saber qué está ocurriendo con esa sensación, pero no se me ocurre nada.-Hablábamos mientras estábamos andando.
-Se me han ocurrido algunas cosas, pero no sé…
-Haber, dímelas.
-Pues, una sería que… alo mejor… nos suenen las caras de esas dos personas, y que la conozcamos de algo, pero no sé de que…
-No, eso creo que no… a mi no me suenan de nada…-Dije, acordándome de sus caras mirándonos fijamente.
-Ya… esa creo que no es…
-Venga sigue.
-Otra sería que… estuviésemos… ¿enamorados?
-¿Enamorados? Venga ya…
-Tal vez esa sea la sensación de cuando te gusta una chica, y te roza el brazo… sientes algo llamado como mariposas en el estómago, tal vez sea eso… y nos entró cuando nos miraba…
-Eso podría ser…
En ese momento los dos nos miramos alarmados, parecía que nuestros ojos se iban a salir de sus órbitas… nos empezamos a marear, nos entró ese leve placer por todo el cuerpo, y un pequeño cosquilleo en la barriga…
-Son ellas, ¿Dónde están?-Pregunté mirando en todas direcciones.
Y allí estaban… pero no estaban las dos… sino que… solo la mujer mayor, en un coche.
El coche cruzó por nuestro lado, yo aparté a Carlos del medio de la carretera, estaba paralizado.
La mujer nos miró mientras se alejaba, lentamente, y la vimos sonreír.
-Y también me vas a decir que estamos enamorados de una mujer mayor… ¿no?
-Vale, eso también lo descartamos.
-Yo tengo una…
-A ver…
-…Tal vez… sean… ¿cómo nosotros?
-¿¡Qué?! Anda ya.
-Tal vez, lo sean, es que no hay otra opción.-Seguí pensando.-Ya sé que somos los únicos bichos raros que hay en el planeta… Pero tal vez no seamos los únicos…
-Yo creo que eso no es, además, no somos bichos raros, a mi me gusta.
-Ya, a mi también me gusta tener poderes, es evidente, ¿y a quién no? Pero hay que reconocer, que raros, somos.
La sensación volvió, nos quedamos petrificados, no sabíamos qué hacer, a medida que pasaba el tiempo, más fuerte se hacía. Echamos a correr, la sensación era más fuerte que nunca, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Tuve que acordarme de respirar. Íbamos a pasar la esquina corriendo y… chocamos con alguien. Sentía que me iba a desmayar, la sensación era fortísima.
-Uy lo siento, no miraba por donde iba.- Dijo una chica, la chica. Se le notaba en la cara que quería controlarse, a causa de la sorpresa.
No sabíamos qué hacer. No pudimos controlar nuestra expresión, tendríamos una cara de impresionados…
-¿Hola?-Dijo la chica mirándonos fijamente.-Ya me he disculpado.
La chica parecía asustada, creo que era por nosotros, ya que parecía que nos iba a dar algo… Intenté reaccionar.
-… A… no… no pasa nada.-Dije, intentando no marearme.
-Adiós.-Dijo Carlos tirándome del brazo.
Carlos no me soltó hasta llegar a la otra esquina. No dejamos de mirarla hasta que estuvo lo bastante lejos, luego Carlos empezó a hablar.
-Oye, nos tenemos que controlar, la chica es nueva en el pueblo y va a tenernos miedo.
-Lo sé…
-Pero… ¿cómo?
-No sé, vamos a ver, si la sensación nos entra cuando estamos cerca de ella y de la otra mujer… creo que… para acostumbrarnos a la sensación deberíamos sentirla todo el tiempo…
-Y para sentirla todo el tiempo… necesitamos estar cerca de ellas…-Me quitó la frase de la boca.
-Tenemos dos opciones, espiar a la mujer… o a ella.
-¿Espiar? ¿Es nueva en el pueblo y ya van a espiarla?
-Ya lo sé… pero no hay otra opción… además… así averiguamos algo más de ella… y el por qué de la sensación…
Lo hicimos, la seguimos durante un buen rato.
Intentábamos no acercarnos mucho para que no nos entrara la sensación, y ponernos menos nerviosos, pero de vez en cuando nos entraba, y teníamos que volver un poco hacia atrás.
Vimos como miraba los carteles con los nombres de las calles… pasamos por algunas calles como <>, <>
Pasamos varias veces por mi calle, y la última vez que pasamos…
-Cuidado, me está entrando la sensación.-Dijo Carlos volviéndose hacia atrás.
-Sí, yo también la siento.
Caminamos un poco hacia atrás, pero no desaparecía la sensación.
Veíamos como la chica pasaba por delante de mi casa, mirándola disimuladamente…
-¿Qué pasa? ¿No estamos ya lo suficientemente lejos?
-… Es verdad… hemos estado otras veces mucho más cerca y no sentíamos la sensación…-Dije echándome más hacia atrás…
La chica ya había cruzado la esquina, y nosotros seguíamos sintiéndolo…
Anduvimos un poco más… y cada vez era más fuerte…
La sensación provenía de… mi casa.
-¿Mi casa?-Dije, estaba seguro que la chica no entró en ella.
-Es mejor que subamos, y resolveremos todas las dudas…
-Adelante.-Dije, alzando la cabeza.
Abrimos la puerta, subimos las escaleras y volvimos a abrir otra puerta…
Todo pasó demasiado rápido.
Entramos corriendo, pero no había nada, giramos la cabeza y de repente salió un chico, como de la edad de Carlos, que nos miraba fijamente. Me abalancé hacia él, con las manos brillándome, preparado para atacar…
Sentíamos la sensación, muy fuerte.
Vi que las luces parpadeaban, y cómo Carlos corrió a la velocidad del rayo para situarse detrás del chico… con una cara de espanto.
El intruso estaba rodeado, no tenía opción de escapar. Miré a Carlos, y asentí ligeramente la cabeza. Los dos nos agazapamos, el chico nos miraba desesperado, asustado, aterrado…
Y… saltamos.
Toda la habitación se congeló de repente, y la temperatura descendió precipitadamente, a una velocidad muy peligrosa.
Vi cómo de Carlos salía una onda que parecía tener una potencia increíble, sabía que yo también podía morir con los poderes de Carlos, y esquivé su onda de manera muy rápida, sacando un escudo azulado…
De repente todo pasó. Miramos a nuestro alrededor. El chico no estaba. Había desaparecido.
-¡Corre, está en casa de tus abuelos!
La casa de mis abuelos estaba debajo de la mía, pues vivía en un segundo piso.
Muy asustado bajé corriendo las escaleras, pero Carlos ya estaba abajo… no sé cómo lo hacía.
Entramos corriendo, pero sin hacer ningún ruido. No podíamos dejar que sus abuelos nos vieran. Nos adentramos un poco más en la casa, y vimos al chico, que le brillaba una pulsera que tenía en la mano. De repente, a su lado, apareció otro chico, que le agarró y desaparecieron al instante.
Nos quedamos petrificados, no sabíamos qué había pasado. Pero de repente oímos los pasos de mi abuelo. Entonces miré desesperado a Carlos, que me agarró del brazo, y, sin darme tiempo ni a pestañear, ya estábamos en la calle.
-De verdad, no sé como lo haces.- Le dije, impresionado.
-Jajaja el rayo es rápido.
Hablamos del chico durante mucho rato, con él también nos había entrado esa sensación. ¿Eso significa que él también era especial?
Teníamos mucho que pensar, y estábamos agotados. Llegó la ora de irse a sus casas.
Cené tranquilamente. También me duche. Y me fui a la cama.
A la mañana siguiente volví con la rutina diaria. Desayuné y me preparé para ir al insti.
Salí de mi casa, pero cuando estaba llegando a la parada de autobuses…
Vi cómo Carlos hacía parpadear todas las luces y como sonaron todos los móviles a la vez.
Fui corriendo, y vi el problema que alteraba a Carlos. Delante de él estaba el chico que ayer entró en mi casa.
eaa pos ste capitulo a stao way y ma kedao cn la intriga, az ya l cuarto x favor muajajaja XD
ResponderEliminarejejejejejej a qe si!! xD ese me gusta tela ^^, weno, en realidad el final xD pos a qe no sabes una cosa?? xD el 4º ya lo tengo, pero no lo vy subir todavia, qe es mu pronto!! MUAHHAHA XD
ResponderEliminar