Llegué al corro de niños, en el que en el centro estaban los dos chicos, y otro al que nunca había visto.
Por las voces que se oían, me enteré de que el más pequeño se llamaba Carlos, y el otro Jesús.
Me adentré más al corro, y me puse al lado de ellos dos. No me había dado cuenta, pero no sentía la sensación.
-Carlos, tranquilo.-Oí cómo le decía Jesús, en un tono casi inaudible, que solo lo podrían oír quienes fuesen especiales.
Carlos le miró con cara asesina, y unos ojos de color muy rojo.
-¿Pero no le as oído? ¡El es el chico nuevo! ¡El que va a ir a mi clase!
-Lo sé, pero no es para tanto, además, no le izo daño a nadie cuando entró en mi casa.-Le intentó calmar Jesús.
-¡Qué! ¿¡Qué estás de su parte? ¡Pues si quieres te vas con él, y a mi me olvidas!
-Carlos…
Di un paso, para hacer que Jesús me viese, pero de repente Carlos brillo de un color muy intenso, y una lluvia de rayos empezó a caer a nuestro alrededor, muy pronto empezaría a haber víctimas, alguien tendría que hacer algo.
Alguien me agarró entre sus brazos, y vi que era mi madre. Seguro que habría visto el futuro, y vino a socorrerme, pero yo no necesitaba ayuda, la necesitaban todos los adolescentes que chillaban despavoridos por toda la zona.
De reojo vi como un rayo iba a atravesar a una chica, entonces todo paró de repente.
El tiempo se había detenido. Los rayos estaban inmóviles, en el cielo, nunca caerían. Los adolescentes, con sus caras de terror, parados, sin movimiento, petrificados…
Mi madre temblaba, yo la miré. ¿Yo la miré? … ¿Me podía mover? Vi como la chica a la que iba a atravesar el rayo se sentó en el suelo, con una cara indescifrable. ¿Ella también se movía? Jesús agarraba a Carlos por el brazo, y este ya tenía su color natural de ojos, marrón claro. Miraban a su alrededor, como hacía yo, como hacía mi madre, como hacía la chica, como hacía el chico que no conocía, como hacía otro chico que se veía a lo lejos…
¿Qué estaba pasando?
Me acerqué a la chica.
-… Hola.
La chica me miró, estaba llorando.
-¿Estás bien? ¿Qué está pasando?
La chica miró al suelo.
Carlos y Jesús se acercaron. Les miré.
-Mi nombre es Iris, tenía ganas de conoceros.
-Hola, yo soy Jesús, y él es Carlos.
-¡Haber, venid todos aquí!-Gritó mi madre, empezó a poner orden.
Hicimos un corro, en el que estábamos; Carlos, Jesús, mi madre, el chico que estaba a lo lejos, la chica, en el centro, y yo.
Carlos miró con cara asesina al chico que no se acercó. Este pulsó una pulsera que tenía, y de repente apareció otro chico, que le agarró del brazo para desaparecer en un segundo.
Carlos y Jesús se miraron, asintieron ligeramente.
-Bueno, no sabemos lo que está pasando, y no sabemos por qué somos los únicos que nos movemos, vamos a hablar un poco, y así nos conocemos, e intentamos arreglar esto…-Dijo mi madre, posando su mirada en cada uno de los chicos.
-Yo… si sé lo que está pasando…-La chica del centro alzó la cabeza.
Todos la miramos sorprendidos, sin decir una palabra.
-Me llamo Anastasia, pero podéis llamarme Tasi. Tengo el poder de parar el tiempo, pero desde hace muy poco, y por eso no lo controlo muy bien. Solo lo he usado dos veces…
Todos la mirábamos con ojos como platos.
-Y… Tasi, ¿por qué no nos hemos parado nosotros?-Preguntó Carlos.
-Porque me he dado cuenta de que solo puedo para el tiempo a la gente que no sea especial… es decir, que no tenga poderes.
-Entonces… ¿todos los que estamos aquí tenemos poderes?-Pregunté.
-Sí, y el chico que desapareció agarrado del que apareció también…-Contesto Tasi.
Carlos y Jesús se miraron impresionados.
-Pues haber, para conocernos un poco más vamos a decir el nombre y el poder de cada uno.-Nos dijo mi madre.-Empiezo yo. Me llamo Clarís, y tengo el poder de ver el futuro.
-Yo soy Iris, y mi poder… es descendiente al de mi madre. Es decir, que como soy su hija, pues tengo un poder parecido al suyo. Mi poder es el de enlazar el destino. Puedo hacer muchas cosas con mi poder, pero no funciona todas las veces.
-Yo soy Carlos, y tengo el poder del rayo.
-Yo Jesús, y tengo el del hielo.
-Y yo soy Marc, y… no sé cual es mi poder…
-¿¡Qué?!-Gritamos todos al unísono.
-Sí, en realidad me he dado cuenta hace solo unos días de que me pasaba algo raro. Me sentía mucho más fuerte, y mi cuerpo empezó a cambiar, se me quitaron los granos, y empecé a adelgazar, poco a poco se me van resaltando los músculos, y mi inteligencia también a crecido, puedo correr bastante más sin cansarme, tengo más flexibilidad que antes, e incluso no necesito dormir demasiado. Pero no he descubierto mi poder…
-Haber, en todo eso que has cambiado es porque ahora eres especial, y al ser esto, te vuelves más perfecto, y superior a todas las demás personas.-Le informó Jesús.
-Sí, ser especial tiene sus cosas buenas, pero también tiene sus inconvenientes.-Le dijo Carlos.
-Como que si tienes un poder de ataque, como los de Carlos y Jesús, no puedes besar a nadie, o sufrirá los efectos del poder que tenga la persona que besa.-Habló mi madre.
-O que al ser tan perfecto, las personas puedan hacer muchas cosas para joderte, e intentar que no seas tan… perfecto. O intentar no descontrolarte, que para muchas personas es imposible.-Dije.
Miré el reloj… el tiempo no pasaba.
-Y… ¿Está parada toda la Tierra?-Le pregunte a Tasi.
-Solo puedo parar los lugares próximos a mí, por ejemplo, Torremejía. Pero también se paran los lugares que hay en mi destino en los próximos sesenta minutos, y como Almendralejo está en mi destino, porque ahora iríamos al instituto, pues también está parado.-Me respondió la chica, yo asentí.
-Pero… Por ejemplo, si está parado Almendralejo, y Mérida no, cuando hagas que el tiempo vuelva a fluir, no será la misma ora en Almendralejo que en Mérida…-Le dijo Marc.
-Cuando haga que el tiempo vuelva a fluir, la hora se actualiza, y se pone como si no hubiese parado el tiempo, pero la gente se extrañará, porque todo el tiempo que pase con el tiempo parado, está pasado el tiempo… es muy lioso. Pero cuando consiga fortalecer mi poder, podré parar absolutamente todo.
-Y entonces, cuando hagas que el tiempo fluya, todo el tiempo que estamos aquí ablando habrá pasado… y el instituto habrá empezado…-Dijo Carlos preocupado.
-Sí, pero la gente estará igual que nosotros, y absolutamente todos llegaremos tarde, y no pasará nada.-Le respondió Tasi.
-Pues… tenemos que hacer que fluya el tiempo… pero los rayo podrían matar a alguien… y además las personas… ¡sabrán que tenemos poderes!-Dijo Marc.
-De los rayos me encargo yo.-Dijo Carlos, poniéndose en pie.
Carlos alzó las manos, que le empezaron a brillar, y de repente, todos los rayos fueron directos a sus brillantes manos, mientras desaparecían.
-Ya está.-Dijo contento Carlos.
Tasi se levantó, y con un leve movimiento de manos, las personas siguieron chillando y corriendo, hasta que se dieron cuenta de que no caían más rayos.
Y se dirigieron despacio hacia Carlos.
-Carlos… ¿qué eres?
-¿Qué has hecho?
-¿Cómo as lanzado rayos?
-¡As podido matar a alguien!
-¡Monstruo!
-¡¡MONSTRUO!!-Gritaron todos los humanos a la vez.
Vi como Carlos miraba a Jesús desesperado.
Pero de repente todos dejaron de mirar a Carlos, y centraron sus miradas en Eric.
-¡Otro monstruo!-Gritaron.
Miré a Eric, al que le brillaba todo el cuerpo. El brillo se concentró en las manos, que las alzó, y una luz cegadora inundó toda la parada de autobús. El brillo se situó en todas las personas, hasta que todo cesó.
-¿Qué ha pasado?-Preguntaron los humanos.
-He descubierto mi poder.-Dijo para si mismo Marc.