Bienvenidos a... LALECTURALOMEJOR

En este nuevo blog, encontraréis resúmenes, ejercicios, valoraciones, vídeos y grabados de voz de los libros que me he ido leyendo a lo largo de mis años. También publicaré algunos libros míos, y me gustaría mucho que opinarais o me aconsejarais en ellos.

sábado, 26 de junio de 2010

Capítulo 2. Autocontrol.

Mi madre entro en mi casa gritando ¡¿Qué pasa, qué pasa?! Y nosotros empezamos a oír como subía las escaleras del doblao corriendo para ver qué había sido esa luz cegadora que se vio desde la calle. La puerta se abrió con un fuerte golpe y se nos quedó mirando a la cara.

-¿Qué ha pasado?-Preguntó aturdida.
-Eh… ¿qué ha pasado?-Pregunté disimulando lo mejor que podía, y me di cuenta de que lo hice bastante bien.
-¿Qué era esa luz que he visto en la ventana?-Preguntó más enfadada.
-A… eso… eso sería la luz de la play, ¿no?-Dijo Jesús pensando la siguiente pregunta.
-No, tan… cegadora no iba a ser la luz de la play, era como… un rayo o algo así.-Dijo, ahora dubitativa y un poco más calmada.
-Pues como ves aquí no ha caído nada, y menos un rayo…-Contesté para hacer que se liara un poco.
-Bueno… es verdad, sería la play…-bajo las escaleras y volvimos a estar solos.
-Uf menos mal, ha faltado poco.-Se tumbó Jesús en el suelo mirando el techo.
-¿Estás cansado?-Me senté-Esto de ensayar los poderes nos cuesta mucho ¿verdad?
-No sé si podré ir a mi casa y todo… jaja.

Mi madre había salido, por lo que la tuve que llamar por teléfono. Esperé hasta el segundo pitido y al final me lo cogió.

-Mamá ¿se puede quedar Jesús a dormir esta noche?-Sabía perfectamente cual sería su respuesta.
-¡¿Qué?!-Lo sabía…
-Ay… que mas te da…
-Carlos que no y ya está-Me colgó.

Las luces empezaron a parpadear y… explotaron. El microondas de repente empezó a calentar, y el lavavajillas a lavar, el grifo a echar agua sin parar, se oía de lejos la lavadora. Y la secadora… Sentía como iba a explotar la casa, y Jesús me intentó calmar.

-Carlos, para-Me agarró el hombro.-Pueden morir muchas personas. Además, nos podemos quedar en mi casa a dormir, creo que mis padres si me dejarán.

Todo cesó, de repente, en un abrir y cerrar de ojos. Caí al suelo sin fuerzas, me desmayé.
Al despertarme me encontraba en un sillón muy familiar, con una tapicería marrón y unos cojines muy cómodos. Estaba en casa de Jesús.

-Al fin te levantas.-Dijo Jesús con un tono aliviado.-Ya he telefoneado a mi padre y me ha dicho que nos podemos quedar aquí a acostar.



Me levanté, me dolía la cabeza. Todo daba vueltas y estaba muy cansado. Jesús me trajo un dulce y un zumo.

-No es bueno que comas mucho hasta que pasen unas horas.-Me explicó.
-Creo que lo podré soportar.
-Y tampoco iremos hoy al gimnasio, no tienes las suficientes fuerzas.

Íbamos todos los días al gimnasio, pero solo para que la gente te piense que tenemos un cuerpo musculoso por eso. Aunque no necesitamos ir porque nuestro cuerpo, al ser especiales, creaba su propia masa muscular sin esfuerzo. Aunque todavía somos chicos y no se desarrolla mucho.

-¡Pero si hoy toca abdominales!-Me quejé.
-Y tampoco es bueno que grites o te enfades. Si haces todo eso se te pasará en unas horas.
-Pues vaya un testamento que me has puesto.-Bromeé.
-Si te controlases un poco más…

En ese momento llamaron a la puerta, y yo me incorporé de un salto y me senté recto.
Jesús abrió la puerta.

-¡Hola!-Gritó Mª José- Y se sentó a mi lado para darme un beso.

Mª José era mucho más chica que Jesús, tenía unos diez años. Era delgada y tenía el pelo ondulado y rubio. Ojos marrones y cara alargada.

-¡Mª José no grites!-Le gritó Jesús.
-¡Si estás gritando tú!-Le chilló.
En ese momento vi como Jesús se mordía el labio y le rechinaban los dientes.

-Mª José no grites, que tu hermano te lo ha dicho por que estoy malo.-Le expliqué intentando relajarla y hacer que Jesús no provocara… bueno, una catástrofe.
-A vale.-Me dijo mientras me abrazaba.
En ese momento se escuchó como empezaba a gritar La Loca.
La Loca era la típica vecina que armaba mucho ruido, pero ella no era tan típica, porque le gritaba a su madre. Y por eso la madre tiene depresiones.

Fue el peor momento para que ella gritase. Jesús estaba enfadado, y ella lo enfadó más. Tanto que… se descontroló.

En ese momento pensé en poner a salvo a Mª José.

-Mª José vámonos a tu habitación.-Le dije tirándola del brazo hasta llegar a su habitación.



Allí cerré las ventanas y nos pusimos a jugar con algo para entretenerla, mientras Jesús se calmaba.
Entonces… escuché como se rompió una ventana… aunque no era la ventana de la habitación en la que estábamos, si no la del comedor.

-Espera que ahora vengo.-Le dije.-No salgas de la habitación.

Fui corriendo a ver qué pasó y vi como Jesús tenía los ojos ardiendo de ira y rabia, con un tono rojizo sangre, que parecía que se le fuesen a salir de sus huecos.
Fui corriendo hacia la ventana rota para ver qué lo había provocado. Asomé la cabeza y vi… ¡todo nevado!
Jesús provocaría un escándalo en la meteorología y habrá cámaras y todo para ver qué habrá provocado la nieve.
En ese momento algo me golpeó la cabeza, una y otra vez. El golpe siempre era el mismo, y no cesaba, sentí como la nieve entraba en la casa y resbalaban mis pies, entonces… caí desde la ventana de segundo piso a la calle por culpa de los golpes y la nieve. Sentía todavía las piedras golpeándome hasta que llegué al suelo.
Entonces escuché como gritó Jesús, pronunciando mi nombre. Y los golpes cesaron. Me empecé a encontrar helado, y sentía como mi temperatura descendía a una velocidad vertiginosa.

Otra vez me levanté en el sofá, pero no había nadie, solo estaba Jesús… dormido. Entonces escuché a Mª José, que se acercaba por el pasillo. Se sentó a mi lado. Decidí levantarme.

-¿Qué ha pasado?-Pregunté.
-¿Ya te as levantado?-Preguntó sorprendida.- Mi hermano me dijo que teníais sueño y que os ibais a dormir un rato.
-A… pues… vamos a dejarlo dormir.

En realidad yo me acordaba de muchas cosas. Desde que me asomé a la ventana hasta que sentía como el frío corría por mis venas. Desde ahí no me acordaba de nada. Suponía que Jesús me habría subido a su casa, después de controlarse, y se desmayaría.

Me puse a jugar en la habitación con Mª José. En realidad no me sentía muy cansado, pero suponía que Jesús tardaría en levantarse, ya que yo ya sentí esa sensación de descontrol y cansancio.

Jesús se levantó un par de horas más tarde. Se le notaba en la cara que seguía muy cansado.

-Hola.-Dijo.
-¿Cómo estas?-Le pregunté.
-Cansado, pero me tengo que levantar porque mis padres vendrán pronto, ya son las siete y media.



-A vale. Bueno, ¿podemos hablar? Hay unas cuantas cosas que no tengo claras todavía.-Miré de reojo a Mª José para ver qué hacía, porque con ella ahí no podíamos hablar.
-Pues… Mª José ¿te quieres quedar aquí sola, que mamá y papá ya van a venir?-Intentó deshacerse de ella.
-¡Vale! ¿pero puedo ir a llamar a mis amigas?
-Venga, vale. Ves corriendo, que te esperamos.

Salió corriendo escaleras abajo, ya que la casa de Jesús es en un segundo piso, porque sus abuelos viven abajo.
Ahora podíamos hablar.

-Explícamelo todo.-Dije impaciente.
-Bueno, pues mira, yo me descontrolé, y vosotros os fuisteis a la habitación de Mª José. Entonces un granizo de tamaño como un puño de una persona adulta rompió la ventana, y tú saliste. Fuiste a ver qué era pero los granizos te golpearon e hicieron que resbalaras y cayeras al suelo.-Dijo con tono de culpa.- Y tú ya sabes por qué no has muerto ¿verdad?
-Por ser especial.-Le contesté triunfante.

Llamaron a la puerta. Eran Mª José y sus amigas.

-¡Hola!-Gritaron las cuatro.
-Nos vamos.-Vi como Jesús empezaba a enfadarse.
-Sí, vámonos.-Dije tirándole del brazo.

Al bajar las escaleras escuché gritar a una de las amigas de Mª José:

-¡A, que frío hace en tu casa! ¡Se me ha helado un dedo!

Jesús se empezó a reír, y yo no le dije nada.
Caminamos durante un largo rato hasta que sonó el móvil de Jesús. Era su padre y nos dijo que fuésemos ya para casa.

-Vámonos.-Dijo Jesús dando media vuelta.

Yo le seguí, estaba deseando acostarme en su casa. Me acordé del pijama.

-Tenemos que ir a por el pijama, a mi casa. Y… tengo que decírselo a mis padres.
-¿Todavía no se lo has dicho?
-No.-Dije temiéndome lo peor.
-¿Te vas a descontrolar?
-Lo más probable, pero intentaré calmarme.
-¡Pero es incontrolable!
-Ya lo sé, Jesús, pero tenemos que tener un poco de autocontrol.
-Pero es imposible.-Dijo pesimista.


-Si no lo intentamos, será imposible.
-Tienes razón, tenemos que intentarlo.
-Tenemos que practicar.-Se nos iluminó la cara.
-Cada tarde iremos a un sitio lejos y allí practicaremos, sin poner en peligro a nadie.
-Podemos ir donde estuvimos antes.
-Ese está bien.-Sonreímos, con ganas a que llegase el próximo día, para venir a practicar.
Llegamos a mi casa, donde estaban mis padres, para decirles lo de acostarme en su casa.

-Mamá, que me voy a quedar a acostar en casa de Jesús.-Dije con una sonrisa en la cara.
-¡¿Qué?!-Gritaron los dos al unísono.

Entró Jesús, sin permiso ni nada, pero se lo agradecía mucho, me iba a ayudar.

-Es que se lo han dicho mis padres.-Dijo mintiendo.
-¿Seguro?
-Seguro. Y yo ya les dije que sí.-Intenté convencerlos, de momento no sentía nada de descontrol.
-Y no aceptan un no por respuesta.-Dijo Jesús, cerrando el tema.
-Bueno, está bien.-Dijo mi madre.
-¡Bien!-Me ilusioné.
Fui a por el pijama, el neceser, y todo lo necesario.
Cuando tuve todo preparado nos fuimos a su casa, y empezamos a cenar.
En la cena no pasó nada sobre nuestros poderes, parece que nos podíamos controlar cada vez más.
Terminamos de cenar a las nueve y media.

-Estaba muy buena la cena, y gracias por dejar que me acueste aquí.-Le dije a los padres de Jesús.
-De nada, me alegro de que te haya gustado.-Dijeron bromeando.

Los padres de Jesús se fueron a dormir, Mª José jugaba en su habitación.
Me acordé de un tema que dimos por zanjado, e intente hablar un poco de ello.

-Jesús… respecto a nuestro secreto…-Dije poco a poco.
-Si vas a hablar de eso mejor cállate.-Él ya sabía por el camino que yo iba.
-Pero es que nunca hablamos de eso, y todavía tengo algunas dudas.-Dije ya enfadado.
-Bueno, está bien, vamos a hablar para aclarar las cosas.
-Vale.-Dije aliviado.-Vamos a ver, ¿tú estas seguro que… bueno… Eric se suicido por nuestra culpa?
-…¿No te acuerdas de la nota?
-¿Qué nota? Tú no me has enseñado ninguna nota.-Dije, pensando en el pasado, intentando acordarme.


-¡¿Cómo que no?! Pues eso es lo más importante.
-¡Lo más importante y no me lo has dicho!-Parpadearon débilmente las luces.
-Vale, tranquilo, todavía la guardo, no fui capaz de tirarla, es el único recuerdo que tengo de él.-Agachó la cabeza.-Espera.

Pasó un pequeño rato, y Jesús vino con un trozo de papel azulado, sucio, arrugado y manchado.

-Escucha, voy a leer.-Dijo abriendo la nota.

Chicos, desde que me contasteis lo vuestro no fui capaz de superarlo, pero no porque me dieseis miedo, sino porque os tenía envidia. Vosotros sabíais que si me hubieseis llevado ese día con vosotros, yo sería también especial.
Siento mucho si os he hecho daño al suicidarme, pero no aguantaba más.
No tenía ni casa ni familia, y ahora veníais vosotros con poderes. Teníais todo lo que yo tengo mas el quíntuple.
Estuve muchos días ensimismado en mí, intentando recapacitar, y decidí que me contaseis cómo os habíais transformado, pero no me lo queríais decir, y ese fue el colmo de todo lo demás, por lo que decidí suicidarme.

No os sintáis culpables, Eric.

Me di cuenta de que se me habían saltado las lágrimas, me las sequé todo lo rápido que pude para que Jesús no me viera, pero el también tenía lágrimas.

-Bueno, pues ya lo sabes todo.-Dijo secándose las lágrimas.
-Ahora me coincide todo.-Dije pensativo.

Paramos de hablar porque vino Mª José.

-Tengo sueño.-Dijo bostezando.
-Es mejor que nos durmamos ya. Mañana hay instituto, y encima es miércoles.-Dijo con cara de asco.

Los miércoles eran los días de bilingüe, y nos quedábamos una hora más. Jesús y yo íbamos a bilingüe, nos gustaba mucho el inglés.
Nos fuimos a dormir después de lavarnos los dientes.

Estuve muchas horas sin conciliar el sueño, pensaba en Eric. Yo sabía que Jesús también se sentía culpable, aunque no lo queríamos decir. Eric no era una persona muy amable, pero sabíamos que era porque estaba solo, sin nadie, y sin casa… A veces nosotros le llevábamos comida, pero cuando no podíamos él tenía que robarla, era muy astuto y escurridizo. Lo pillaron varias veces, pero siempre conseguía escapar. Vivía muy lejos del pueblo, donde los habitantes llevaban las cosas que no eran válidas o estaban estropeadas, a ese lugar lo llamábamos El Lejío. En ese lugar había de todo, muebles, ropa, juguetes, libros, cromos, agujas, drogas, una central eléctrica… En esa central fue donde nosotros… nos transformamos.


Recuerdo perfectamente ese día; fuimos a buscar a Eric después de una larga caminata, pero no estaba en su “casa”. Su casa era un colchón sucio en el suelo, con unas cuantas mantas y poco más…
Pensamos que estaría cerca de allí, pero habría ido a robar comida al pueblo. Encontramos como una clase de central eléctrica. Empezamos a escuchar ruidos dentro, y decidimos entrar, pensábamos que era Eric, pero allí no había nadie. Los ruidos salían de una gran máquina en la que había un cartel que ponía Peligro de muerte. Decidimos salir de allí, pero me empezó a doler a doler la cabeza. No era un dolor normal, era como pinchazos cada vez que sonaba ese ruido, empecé a gritar, miré a Jesús, él también estaba gritando. Pensé que sería por culpa de la máquina, que ese sería el peligro de muerte, y pensé que íbamos a morir. El dolor era insufrible, me pitaban los oídos, nos sangraba la nariz, teníamos las venas hinchadas, y entonces… una explosión en la máquina. No sabíamos si era una explosión, pero una onda nos lanzó contra la pared. Y desde ahí no me acuerdo de nada.
Nos levantados en el mismo sitio, los dos a la vez. No sabíamos bien qué nos había pasado, pero desde ahí teníamos los poderes.
Los primeros días fueron dificilísimos, no podíamos controlarnos, y además no sabíamos que teníamos poderes. Pero con el paso del tiempo uno se acostumbra, y cada vez nos controlamos más…

Al final el sueño se apoderó de mi.

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