Bienvenidos a... LALECTURALOMEJOR

En este nuevo blog, encontraréis resúmenes, ejercicios, valoraciones, vídeos y grabados de voz de los libros que me he ido leyendo a lo largo de mis años. También publicaré algunos libros míos, y me gustaría mucho que opinarais o me aconsejarais en ellos.

viernes, 2 de julio de 2010

Capítulo 5. Parados.

Llegué al corro de niños, en el que en el centro estaban los dos chicos, y otro al que nunca había visto.

Por las voces que se oían, me enteré de que el más pequeño se llamaba Carlos, y el otro Jesús.

Me adentré más al corro, y me puse al lado de ellos dos. No me había dado cuenta, pero no sentía la sensación.

-Carlos, tranquilo.-Oí cómo le decía Jesús, en un tono casi inaudible, que solo lo podrían oír quienes fuesen especiales.

Carlos le miró con cara asesina, y unos ojos de color muy rojo.

-¿Pero no le as oído? ¡El es el chico nuevo! ¡El que va a ir a mi clase!
-Lo sé, pero no es para tanto, además, no le izo daño a nadie cuando entró en mi casa.-Le intentó calmar Jesús.
-¡Qué! ¿¡Qué estás de su parte? ¡Pues si quieres te vas con él, y a mi me olvidas!
-Carlos…

Di un paso, para hacer que Jesús me viese, pero de repente Carlos brillo de un color muy intenso, y una lluvia de rayos empezó a caer a nuestro alrededor, muy pronto empezaría a haber víctimas, alguien tendría que hacer algo.
Alguien me agarró entre sus brazos, y vi que era mi madre. Seguro que habría visto el futuro, y vino a socorrerme, pero yo no necesitaba ayuda, la necesitaban todos los adolescentes que chillaban despavoridos por toda la zona.

De reojo vi como un rayo iba a atravesar a una chica, entonces todo paró de repente.
El tiempo se había detenido. Los rayos estaban inmóviles, en el cielo, nunca caerían. Los adolescentes, con sus caras de terror, parados, sin movimiento, petrificados…
Mi madre temblaba, yo la miré. ¿Yo la miré? … ¿Me podía mover? Vi como la chica a la que iba a atravesar el rayo se sentó en el suelo, con una cara indescifrable. ¿Ella también se movía? Jesús agarraba a Carlos por el brazo, y este ya tenía su color natural de ojos, marrón claro. Miraban a su alrededor, como hacía yo, como hacía mi madre, como hacía la chica, como hacía el chico que no conocía, como hacía otro chico que se veía a lo lejos…
¿Qué estaba pasando?

Me acerqué a la chica.

-… Hola.

La chica me miró, estaba llorando.



-¿Estás bien? ¿Qué está pasando?

La chica miró al suelo.
Carlos y Jesús se acercaron. Les miré.

-Mi nombre es Iris, tenía ganas de conoceros.
-Hola, yo soy Jesús, y él es Carlos.
-¡Haber, venid todos aquí!-Gritó mi madre, empezó a poner orden.

Hicimos un corro, en el que estábamos; Carlos, Jesús, mi madre, el chico que estaba a lo lejos, la chica, en el centro, y yo.
Carlos miró con cara asesina al chico que no se acercó. Este pulsó una pulsera que tenía, y de repente apareció otro chico, que le agarró del brazo para desaparecer en un segundo.
Carlos y Jesús se miraron, asintieron ligeramente.

-Bueno, no sabemos lo que está pasando, y no sabemos por qué somos los únicos que nos movemos, vamos a hablar un poco, y así nos conocemos, e intentamos arreglar esto…-Dijo mi madre, posando su mirada en cada uno de los chicos.
-Yo… si sé lo que está pasando…-La chica del centro alzó la cabeza.

Todos la miramos sorprendidos, sin decir una palabra.

-Me llamo Anastasia, pero podéis llamarme Tasi. Tengo el poder de parar el tiempo, pero desde hace muy poco, y por eso no lo controlo muy bien. Solo lo he usado dos veces…

Todos la mirábamos con ojos como platos.

-Y… Tasi, ¿por qué no nos hemos parado nosotros?-Preguntó Carlos.
-Porque me he dado cuenta de que solo puedo para el tiempo a la gente que no sea especial… es decir, que no tenga poderes.
-Entonces… ¿todos los que estamos aquí tenemos poderes?-Pregunté.
-Sí, y el chico que desapareció agarrado del que apareció también…-Contesto Tasi.

Carlos y Jesús se miraron impresionados.

-Pues haber, para conocernos un poco más vamos a decir el nombre y el poder de cada uno.-Nos dijo mi madre.-Empiezo yo. Me llamo Clarís, y tengo el poder de ver el futuro.
-Yo soy Iris, y mi poder… es descendiente al de mi madre. Es decir, que como soy su hija, pues tengo un poder parecido al suyo. Mi poder es el de enlazar el destino. Puedo hacer muchas cosas con mi poder, pero no funciona todas las veces.
-Yo soy Carlos, y tengo el poder del rayo.
-Yo Jesús, y tengo el del hielo.
-Y yo soy Marc, y… no sé cual es mi poder…



-¿¡Qué?!-Gritamos todos al unísono.
-Sí, en realidad me he dado cuenta hace solo unos días de que me pasaba algo raro. Me sentía mucho más fuerte, y mi cuerpo empezó a cambiar, se me quitaron los granos, y empecé a adelgazar, poco a poco se me van resaltando los músculos, y mi inteligencia también a crecido, puedo correr bastante más sin cansarme, tengo más flexibilidad que antes, e incluso no necesito dormir demasiado. Pero no he descubierto mi poder…
-Haber, en todo eso que has cambiado es porque ahora eres especial, y al ser esto, te vuelves más perfecto, y superior a todas las demás personas.-Le informó Jesús.
-Sí, ser especial tiene sus cosas buenas, pero también tiene sus inconvenientes.-Le dijo Carlos.
-Como que si tienes un poder de ataque, como los de Carlos y Jesús, no puedes besar a nadie, o sufrirá los efectos del poder que tenga la persona que besa.-Habló mi madre.
-O que al ser tan perfecto, las personas puedan hacer muchas cosas para joderte, e intentar que no seas tan… perfecto. O intentar no descontrolarte, que para muchas personas es imposible.-Dije.

Miré el reloj… el tiempo no pasaba.

-Y… ¿Está parada toda la Tierra?-Le pregunte a Tasi.
-Solo puedo parar los lugares próximos a mí, por ejemplo, Torremejía. Pero también se paran los lugares que hay en mi destino en los próximos sesenta minutos, y como Almendralejo está en mi destino, porque ahora iríamos al instituto, pues también está parado.-Me respondió la chica, yo asentí.
-Pero… Por ejemplo, si está parado Almendralejo, y Mérida no, cuando hagas que el tiempo vuelva a fluir, no será la misma ora en Almendralejo que en Mérida…-Le dijo Marc.
-Cuando haga que el tiempo vuelva a fluir, la hora se actualiza, y se pone como si no hubiese parado el tiempo, pero la gente se extrañará, porque todo el tiempo que pase con el tiempo parado, está pasado el tiempo… es muy lioso. Pero cuando consiga fortalecer mi poder, podré parar absolutamente todo.
-Y entonces, cuando hagas que el tiempo fluya, todo el tiempo que estamos aquí ablando habrá pasado… y el instituto habrá empezado…-Dijo Carlos preocupado.
-Sí, pero la gente estará igual que nosotros, y absolutamente todos llegaremos tarde, y no pasará nada.-Le respondió Tasi.
-Pues… tenemos que hacer que fluya el tiempo… pero los rayo podrían matar a alguien… y además las personas… ¡sabrán que tenemos poderes!-Dijo Marc.
-De los rayos me encargo yo.-Dijo Carlos, poniéndose en pie.

Carlos alzó las manos, que le empezaron a brillar, y de repente, todos los rayos fueron directos a sus brillantes manos, mientras desaparecían.

-Ya está.-Dijo contento Carlos.

Tasi se levantó, y con un leve movimiento de manos, las personas siguieron chillando y corriendo, hasta que se dieron cuenta de que no caían más rayos.


Y se dirigieron despacio hacia Carlos.

-Carlos… ¿qué eres?
-¿Qué has hecho?
-¿Cómo as lanzado rayos?
-¡As podido matar a alguien!
-¡Monstruo!
-¡¡MONSTRUO!!-Gritaron todos los humanos a la vez.

Vi como Carlos miraba a Jesús desesperado.

Pero de repente todos dejaron de mirar a Carlos, y centraron sus miradas en Eric.

-¡Otro monstruo!-Gritaron.

Miré a Eric, al que le brillaba todo el cuerpo. El brillo se concentró en las manos, que las alzó, y una luz cegadora inundó toda la parada de autobús. El brillo se situó en todas las personas, hasta que todo cesó.

-¿Qué ha pasado?-Preguntaron los humanos.
-He descubierto mi poder.-Dijo para si mismo Marc.

lunes, 28 de junio de 2010

Capítulo 4. Ella.

Ese día fue muy duro para mi, tenía que dejar atrás a todas mis amigas de la infancia, y algún que otro chico. Al principio, cuando me lo dijo mi madre, pude superarlo, pero cuando me dijo que nos mudábamos rompí a llorar.
Mi madre y yo nos mudábamos porque mis padres se acababan de separar. Mi madre ya es un poco mayor, tiene cuarenta y cinco años, pero mi padre era algo más joven, iba siempre de fiestas y no tenía una buena relación con él, por eso no me importó tanto que se separaran. Tenía treinta y siete.
Mi madre buscaba un pueblo pequeño y tranquilo, de esos que no haya nada, y que todo lo que necesites lo encontrarás en las ciudades de al lado. Ese pueblo era Torremejía.
Mi madre pensó ir allí, ya que ella vivía allí de chica, y tenemos algunos familiares por ese pueblecito.

Eran las siete de la mañana y nos quedaba algo menos de una hora para llegar allí. Veníamos de Sevilla, y mi madre me dijo que tendríamos que pasar por Almendralejo, que era el lugar donde estudiaría de ahora en adelante.

Cuando llegamos a Torremejía eran las ocho menos diez.
Mi madre señaló con un dedo el autobús que se dirigía en dirección contraria a la nuestra.

-En ese autobús vas a ir al instituto.-Dijo con tono emocionado.

Yo no dije nada. Solo miraba al autobús. Cuando pasó por nuestro lado sentí una rara sensación, era como un pequeño mareo y a la vez una atracción hacia el autobús. Entonces… alcé la cabeza, para mirar a dos muchachos que me miraban fijamente, con la misma cara que yo. Uno tenía un papel, que dejó de mirar para mirarme fijamente. No sé qué me pasaba. Cuando el autobús pasó, miré a mi madre, ella sonrió.

-¿Te has mareado?
-Eso creo.-Balbuceé.
-Yo también.-Sonrió otra vez.- Ahí había dos chicos iguales que nosotras.
-¡¿Qué?!-Pregunté impresionada.
-Sí, siempre que sientas la sensación de ahora -se notaba que ella también lo había sentido- significa que hay a tu alrededor personas como nosotras.
-¡Pero tú nunca me has dicho que existieran más personas con poderes!-Estaba muy enfadada.
-Hay muchas formas de convertirse, y tu ya lo sabes.-Tenía razón.
-Vale, pero… ¿Quiénes?
-Eso no lo sé. Seguro que tú con tu poder lo averiguas.-Rió.

Paramos de hablar, habíamos llegado.



Parecía que mi madre sabía perfectamente adonde nos dirigíamos. Aparcó el coche enfrente de un hotel iluminado. Salimos del coche y entramos en él.
En el mostrador no había nadie, pero en el bar del hotel estaba el camarero.

-Perdone señor, ¿Dónde se reservan las habitaciones?-Preguntó mi madre acercándose a él.
-Espere un momento, ahora voy. -Dijo el hombre. En realidad no era un hombre, sino un adolescente, le echaba unos dieciocho.

El hotel no parecía muy convincente, en las letras de fuera ponía hostal y solo se iluminaban dos. Además el camarero también era recepcionista.
El muchacho caminó hasta el mostrador y nos dijo qué habitación es la nuestra y lo que pagaríamos al mes.
Mi madre pensaba que estaríamos aquí hasta encontrar una casa.

Subimos a la habitación. Era muy pequeña, por eso valía tan barato. Había una sala, un servicio y una habitación. Pero se estaba bien allí.

Cuando terminamos de instalarnos decidimos dar un paseo por el pueblo, para verlo e ir conociéndolo.

El pueblo era muy chico, pero había bastantes cosas, aunque no tiendas de ropa.

Eran las tres menos algo, y decidimos ir a comer a algún restaurante, ya que en el hostal no se comía, solo era para dormir.

En ese momento pensaba en el autobús, en los chicos que me miraban. Si en realidad eran como yo, me encantaría hacerme amiga de ellos.

Íbamos a cruzar la carretera para ir a un restaurante llamado Almeda, y entonces los vi, mi madre, por supuesto, miró antes, pero yo miré justo a tiempo como para ver otra vez las mismas caras, empecé a sentir otra vez esa rara sensación y el corazón me empezó a latir muy fuerte. Los dos chicos del autobús estaban de pie, mirándonos, y vi como se decían algo.

-Ahí están.-Me dijo mi madre sin apartar la vista.

Yo no dije nada.
Cruzamos la carretera y cuando íbamos a entrar en el restaurante miré para atrás. Me estaban mirando, allí, completamente inmóviles. Nos miramos durante unos segundos que se hicieron eternos, pero como vi que no decían nada, me entré.

Comimos muy bien, la comida estaba muy buena. Primero nos pusieron algo para picar, mientra se hacía lo demás. En poco tiempo nos pusieron un pollo que estaba riquísimo, con una salsa… Además después nos pusieron unos filetes de lomo con ajo, y de postre unos helados.



El único inconveniente que hubo durante la comida fue, que en todo momento, no dejé de pensar en los dos chicos, mirándome. ¿Qué poder tendrían?

Terminamos de comer, y como en el hostal no se podía estar mi madre decidió ir a buscar trabajo.

-Yo me quedaré viendo el pueblo, ¿vale?-Dije mirando a mi alrededor, para quedarme bien con el camino.
-Vale. Nos encontramos aquí a las siete y media.-Dijo montada ya en el coche y poniéndolo en marcha.

Mi madre ya se había ido cuando levanté la mirada de ver el reloj. Eran las seis menos diez. ¿Qué voy a hacer hasta las siete y media?
Crucé la carretera para encontrarme enfrente del hostal. Empecé a ver el pueblo.
Primero fui a un parque que se encontraba a la izquierda. No había nadie. Me resultó muy raro, ya que hoy hacía un buen día, con el sol que iluminaba todo pero no hacía calor. El día perfecto. Para mí. Pensé que sería porque yo estaba acostumbrada a ver siempre toda la gente por las calles, que no tienes espacio ni para andar bien, y siempre vas con sumo cuidado de no tropezar. Pero aquí era distinto, de vez en cuando veía alguna persona, que me saludaba como si me conocieran de toda la vida.

Dejé de pensar. En ese momento me empezó a entrar otra vez esa rara sensación. Miré a mi alrededor para buscarlos con la mirada, pero no los encontraba. Decidí andar un poco más adelante para ver en la siguiente calle, fui corriendo, cada vez la sensación era más fuerte.
Cuando iba a ver por la esquina… tropecé con alguien. En ese momento la sensación era más fuete que nunca. Eran dos chicos, los dos chicos.

-Uy lo siento, no miraba por donde iba.-Dije levantándome del suelo.

Los chicos no dijeron nada. Me miraban con los ojos como platos. Yo intenté controlar esa sensación, pero parecía que ellos no hacían nada, solo me miraban.

-¿Hola?-Dije mirándolos fijamente.-Ya me he disculpado.
-… A… no… no pasa nada.-Dijo el mayor.
-Adiós…-Dijo el otro tirándole del brazo al anterior.

Yo no miré para atrás, pero sentía sus miradas clavadas en mí, mirándome fijamente.
Eran ellos, pensé. No sabía qué hacer. Tenía que hablar de algún modo con ellos. Podría esperar y confiar en mi poder, pero creo que tardaría mucho. Otra opción era seguirles, espiarles, y saber más de ellos. Me quité la segunda opción de la cabeza. Eso estaría mal, ir espiando a las personas, y además si eres nueva en el pueblo.
Miré el reloj, eran las siete pasadas. Todavía me falta media hora.
Vi que por aquí no había nada, entonces decidí visitar la parte de abajo del pueblo. Me di media vuelta y empecé a caminar.




De vez en cuando me cruzaba con gente, que evidentemente no conocía. Ellos se me quedaban mirando descaradamente a la cara, yo solo bajaba la cabeza y miraba el suelo.
Seguí caminado, no veía ningún cartel en el que pusiera el nombre de las calles, y pensé que estarían más arriba.
Alguna vez que otra me entraba la sensación, aunque se quitaba muy pronto. Pensé que sería porque estarían paseando, y a veces, bastante cerca de mí.
En la segunda calle torcí a la derecha, y subí hasta el final de la calle, que era cortísima, al igual que todas las demás de este pueblo.
Allí vi un cartel y leí su nombre <> e intenté quedármelo en la cabeza.
Eran las siete y cuarto, y mientras me dirigía donde quedamos con mi madre -que me resultó casi imposible encontrar el lugar- me aprendí el nombre de más calles como <>, <>, <>, <>…
Me quedé con el nombre de todas, e intenté también acordarme de donde estaban.

A la mañana siguiente me desperté con muchas ganas de volver a ir a ver el pueblo. Aunque en realidad estaba esperando encontrarme con ellos.

-Buenos días, Iris.-Me saludo mi madre al ver que estaba despierta.
-Buenos días mamá.-Dije mirándola de arriba a bajo. Me quedé embobada.-¿Mamá, encontraste trabajo?

Mi madre estaba vestida con unos pantalones muy lisos negros, camisa blanca y chaqueta negra. Igual que una secretaria.

-Ya ves…-Dijo riéndose.
-Guau… ¡es genial!-La abracé.-Pero ¿usaste tu poder?
-Sí, pero solo para predecir el lugar donde me darían el trabajo.-Dijo sonriendo.-¿Y tú? ¿No funciona tu poder?
-De momento no…
-¡Me voy! Ya son las ocho menos veinte.
-¡¿Las ocho menos veinte?! ¿Y que hago despierta tan temprano?
-Tal vez sea tu poder…-Dijo mientras me guiñaba un ojo.

Bajamos las escaleras, ya que vivíamos en el piso de arriba. Mi madre se montó en el coche y se despidió con un beso. Yo decidí volver a investigar.
Me dirigí ha la derecha, ya que escuchaba gente y camiones. Solo para ver qué era. Cuando llegué me di cuenta de que no eran camiones, sino autobuses. Me quedé mirando un autobús. Creí haberlo visto… ¡Era en el que viajaban los niños! Miré alrededor para buscarlos, pero no estaban. Había un corro de gente allí, a lo lejos. Entonces empezó la sensación. Estaban en ese corro. Rodeados. Entonces… empezaron a sonar todos los móviles, las luces de las casas se encendieron, las farolas empezaron a parpadear hasta explotar… Eran ellos, tenía que hacer algo…

sábado, 26 de junio de 2010

Capitulo 3. Sensación.

Hoy era jueves, me levanté como un día normal, enfadado y casado.
Mi madre, como siempre, me despertó a las siete. Pero evidentemente tardé más de diez minutos para salir de la cama.
Desayuné, y me preparé. Me puse las lentillas, y sobre las ocho menos veinte ya estaba listo para ir al autobús que nos llevará a Almendralejo.

-Jesús, sal ya y coge un paraguas que está lloviendo.
-Vale, me voy, adiós.

Salí, y como siempre, un grupo de chicos también se dirigían al autobús.
El autobús, evidentemente, no estaba lejos de mi casa, ya que Torremejía es un pueblo muy chico, y no hay nada, vamos, que siempre que quieres algo tienes que ir a comprarlo fuera.

Legué al autobús, que todavía no estaba. Al rato llegó Carlos.

-Hola.-Le dije, mirando el papel que llevaba en la mano.-¿Qué es eso?
-Uf, es que tengo un examen, es un resumen.-Me dijo, enseñándome el papel.
-De sociales… que… divertido…
-Pero es facilito.

Llegó el autobús, dejamos las mochilas y subimos. Carlos y yo nos sentábamos al lado. Cada día alternábamos quien se sentaba en el lado de la ventana.
Vi que Carlos no me iba a sacar conversación, ya que estaba estudiando. Decidí hablar con Galán.

Galán es mi compañero de toda la vida, desde chicos. Me llevaba bien con él, aunque no tanto como con Carlos. Galán no es su nombre, es su apellido. Su verdadero nombre es Antonio, aunque ya nadie le llama así. Antes, con Galán, se metía todo el mundo, pero ya no… tanto.

Pero entonces… empecé a sentir una rara sensación. Era una sensación que nunca antes había tenido. Era como un cosquilleo, un leve placer por todo el cuerpo y algo de mareo. No sabía por qué tenía esa sensación. Miré a Carlos, que había dejado de mirar el folio, y miraba por la ventana. Yo también miré. Vi un coche azula marino, con una mujer que nos miraba fijamente, pero no tanto como su hija, que iba en el asiento de atrás. Carlos y yo nos quedamos mirándolas fijamente, hasta que ya estuvimos lo bastante lejos como para no verlas.
Carlos me miró.

-Jesús, ¿qué ha sido eso?- Carlos también lo había sentido.
-No lo sé… yo también lo he sentido. Haber, espera.
-Galán.-Le llamé. Me miró al rato, ya que estaba ablando.-¿Tú has sentido algo?



-¿De qué me hablas?

Galán no lo sintió, creo que ya sé más o menos de qué va la cosa.

-Nada, déjalo.-Se puso a hablar con el de su lado.
-No lo ha sentido.-Me dijo Carlos al terminar con Galán.
-Creo que sé por qué es…-Dije dubitativo.-Creo que solo lo sentimos los que tenemos poderes…
-Puede ser, pero ¿por qué empezó esa sensación?
-Empezó cuando miramos a esas personas.

No pudimos pensar más. El autobús había llegado a su destino, Almendralejo.
Bajamos y cogimos las mochilas, listos para ir al instituto.
Cuando yo voy al instituto voy con dos amigos; Piedad y Galán. Carlos no venía con migo porque siempre voy más rápido.

Las clases no fueron nada fuera de lo común. Mi clase y yo nunca nos callábamos y nos llamaban la atención.
En la hora del recreo me encontré con Carlos.

-¡Jesús!-Dijo emocionado.
-¿Qué?-Dije impaciente, se me pegó su emoción.
-A que no sabes una cosa.-Estaba demasiado emocionado.-¡Mañana viene un alumno nuevo a mi clase!
-¡Sí! Que guay.-No hacía falta tanta emoción, fingí.

No pasó nada más interesante en el resto de la mañana.

Cogimos el autobús y nos dirigíamos a Torremejía.

-¿Y no os han dicho nada del alumno nuevo?-Pregunté para sacar un tema de conversación.
-Sí, nos han dicho que tiene nuestra edad, nunca ha repetido. Tiene padres, pero es adoptado.-Carlos siguió.-Ha cambiado de familia muchas veces, y puede tener problemas psicológicos. Dice que es un buen alumno y un buen compañero, y que lo tratemos todo lo bien que podamos. También tenemos que ayudarle a integrarse en el grupo y hablar mucho con él, porque es muy tímido.
-Pues me lo tienes que presentar.-Le dije riéndome.
-Pero espera a que lo conozca, a lo mejor me cae mal… o le caigo mal.

Paramos de hablar, habíamos llegado. Bajamos del autobús y cogimos las mochilas, pero justo cuando nos íbamos a ir… me volvió a entrar esa rara sensación. Miré enfrente mía, estaban allí, la madre y su hija -pensaba- que nos miraban fijamente. Carlos también las estaba mirando, la sensación era muy fuerte, demasiado fuerte, creía que me iba a desmayar o algo parecido.




Seguí mirándolas, Carlos también. No paramos hasta que la chica y la mujer se entraron en el Almeda.
Intentamos disimular, seguimos andando.

-¿Lo has visto?-Le pregunté a Carlos.
-¿Lo has sentido?-Me preguntó.

El camino a nuestras casas lo hicimos en silencio, demasiado en silencio. Nuestras casas estaban muy cercas unas de las otras, a una calle. No aguanté más el silencio, necesitaba hablar antes de llegar a la esquina donde Carlos torcería la esquina y se iría a su casa.

-Carlos… ¿Tu qué piensas sobre la sensación?
-… Ni idea, pienso demasiadas cosas, me duele la cabeza.

No seguimos hablando, no podíamos hablar. Carlos cruzó la esquina y nos despedimos con un simple Adiós. No sabía qué iba a hacer en mi casa, ni como iba a actuar. Evidentemente no podía entrar así en casa, mis padres me preguntarían. Estuve más de un minuto intentando relajarme, delante de mi casa. Entré…

-Hola.-Dije sonriente.
-Hola, venga, a comer.-Me respondieron.

Comimos tranquilos, no me notaron nada…
Intenté estudiar después de comer, pero no fui capaz… no dejaba de pensar en ellas… y en qué estaba pasando con esa sensación tan extraña que nunca antes habíamos sentido… Necesitaba encontrar una respuesta, y en mi casa no iba a hacer nada.
Evidentemente mis padres no me dejaron salir, era demasiado temprano. Esperé hasta las cinco y media, luego me fui.
Fui a llamar a Carlos, que salió muy rápido, se notaba que quería hablar, estaba desesperado.

-Jesús, necesitamos una respuesta.-Me dijo, con un tono alterado.
-Ya lo sé, me como el coco para saber qué está ocurriendo con esa sensación, pero no se me ocurre nada.-Hablábamos mientras estábamos andando.
-Se me han ocurrido algunas cosas, pero no sé…
-Haber, dímelas.
-Pues, una sería que… alo mejor… nos suenen las caras de esas dos personas, y que la conozcamos de algo, pero no sé de que…
-No, eso creo que no… a mi no me suenan de nada…-Dije, acordándome de sus caras mirándonos fijamente.
-Ya… esa creo que no es…
-Venga sigue.
-Otra sería que… estuviésemos… ¿enamorados?
-¿Enamorados? Venga ya…




-Tal vez esa sea la sensación de cuando te gusta una chica, y te roza el brazo… sientes algo llamado como mariposas en el estómago, tal vez sea eso… y nos entró cuando nos miraba…
-Eso podría ser…

En ese momento los dos nos miramos alarmados, parecía que nuestros ojos se iban a salir de sus órbitas… nos empezamos a marear, nos entró ese leve placer por todo el cuerpo, y un pequeño cosquilleo en la barriga…

-Son ellas, ¿Dónde están?-Pregunté mirando en todas direcciones.

Y allí estaban… pero no estaban las dos… sino que… solo la mujer mayor, en un coche.
El coche cruzó por nuestro lado, yo aparté a Carlos del medio de la carretera, estaba paralizado.
La mujer nos miró mientras se alejaba, lentamente, y la vimos sonreír.

-Y también me vas a decir que estamos enamorados de una mujer mayor… ¿no?
-Vale, eso también lo descartamos.
-Yo tengo una…
-A ver…
-…Tal vez… sean… ¿cómo nosotros?
-¿¡Qué?! Anda ya.
-Tal vez, lo sean, es que no hay otra opción.-Seguí pensando.-Ya sé que somos los únicos bichos raros que hay en el planeta… Pero tal vez no seamos los únicos…
-Yo creo que eso no es, además, no somos bichos raros, a mi me gusta.
-Ya, a mi también me gusta tener poderes, es evidente, ¿y a quién no? Pero hay que reconocer, que raros, somos.

La sensación volvió, nos quedamos petrificados, no sabíamos qué hacer, a medida que pasaba el tiempo, más fuerte se hacía. Echamos a correr, la sensación era más fuerte que nunca, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Tuve que acordarme de respirar. Íbamos a pasar la esquina corriendo y… chocamos con alguien. Sentía que me iba a desmayar, la sensación era fortísima.

-Uy lo siento, no miraba por donde iba.- Dijo una chica, la chica. Se le notaba en la cara que quería controlarse, a causa de la sorpresa.

No sabíamos qué hacer. No pudimos controlar nuestra expresión, tendríamos una cara de impresionados…

-¿Hola?-Dijo la chica mirándonos fijamente.-Ya me he disculpado.

La chica parecía asustada, creo que era por nosotros, ya que parecía que nos iba a dar algo… Intenté reaccionar.





-… A… no… no pasa nada.-Dije, intentando no marearme.
-Adiós.-Dijo Carlos tirándome del brazo.

Carlos no me soltó hasta llegar a la otra esquina. No dejamos de mirarla hasta que estuvo lo bastante lejos, luego Carlos empezó a hablar.

-Oye, nos tenemos que controlar, la chica es nueva en el pueblo y va a tenernos miedo.
-Lo sé…
-Pero… ¿cómo?
-No sé, vamos a ver, si la sensación nos entra cuando estamos cerca de ella y de la otra mujer… creo que… para acostumbrarnos a la sensación deberíamos sentirla todo el tiempo…
-Y para sentirla todo el tiempo… necesitamos estar cerca de ellas…-Me quitó la frase de la boca.
-Tenemos dos opciones, espiar a la mujer… o a ella.
-¿Espiar? ¿Es nueva en el pueblo y ya van a espiarla?
-Ya lo sé… pero no hay otra opción… además… así averiguamos algo más de ella… y el por qué de la sensación…

Lo hicimos, la seguimos durante un buen rato.
Intentábamos no acercarnos mucho para que no nos entrara la sensación, y ponernos menos nerviosos, pero de vez en cuando nos entraba, y teníamos que volver un poco hacia atrás.
Vimos como miraba los carteles con los nombres de las calles… pasamos por algunas calles como <>, <>
Pasamos varias veces por mi calle, y la última vez que pasamos…

-Cuidado, me está entrando la sensación.-Dijo Carlos volviéndose hacia atrás.
-Sí, yo también la siento.

Caminamos un poco hacia atrás, pero no desaparecía la sensación.
Veíamos como la chica pasaba por delante de mi casa, mirándola disimuladamente…

-¿Qué pasa? ¿No estamos ya lo suficientemente lejos?
-… Es verdad… hemos estado otras veces mucho más cerca y no sentíamos la sensación…-Dije echándome más hacia atrás…

La chica ya había cruzado la esquina, y nosotros seguíamos sintiéndolo…
Anduvimos un poco más… y cada vez era más fuerte…
La sensación provenía de… mi casa.

-¿Mi casa?-Dije, estaba seguro que la chica no entró en ella.
-Es mejor que subamos, y resolveremos todas las dudas…
-Adelante.-Dije, alzando la cabeza.



Abrimos la puerta, subimos las escaleras y volvimos a abrir otra puerta…
Todo pasó demasiado rápido.
Entramos corriendo, pero no había nada, giramos la cabeza y de repente salió un chico, como de la edad de Carlos, que nos miraba fijamente. Me abalancé hacia él, con las manos brillándome, preparado para atacar…
Sentíamos la sensación, muy fuerte.
Vi que las luces parpadeaban, y cómo Carlos corrió a la velocidad del rayo para situarse detrás del chico… con una cara de espanto.
El intruso estaba rodeado, no tenía opción de escapar. Miré a Carlos, y asentí ligeramente la cabeza. Los dos nos agazapamos, el chico nos miraba desesperado, asustado, aterrado…
Y… saltamos.
Toda la habitación se congeló de repente, y la temperatura descendió precipitadamente, a una velocidad muy peligrosa.
Vi cómo de Carlos salía una onda que parecía tener una potencia increíble, sabía que yo también podía morir con los poderes de Carlos, y esquivé su onda de manera muy rápida, sacando un escudo azulado…
De repente todo pasó. Miramos a nuestro alrededor. El chico no estaba. Había desaparecido.

-¡Corre, está en casa de tus abuelos!

La casa de mis abuelos estaba debajo de la mía, pues vivía en un segundo piso.

Muy asustado bajé corriendo las escaleras, pero Carlos ya estaba abajo… no sé cómo lo hacía.

Entramos corriendo, pero sin hacer ningún ruido. No podíamos dejar que sus abuelos nos vieran. Nos adentramos un poco más en la casa, y vimos al chico, que le brillaba una pulsera que tenía en la mano. De repente, a su lado, apareció otro chico, que le agarró y desaparecieron al instante.
Nos quedamos petrificados, no sabíamos qué había pasado. Pero de repente oímos los pasos de mi abuelo. Entonces miré desesperado a Carlos, que me agarró del brazo, y, sin darme tiempo ni a pestañear, ya estábamos en la calle.

-De verdad, no sé como lo haces.- Le dije, impresionado.
-Jajaja el rayo es rápido.

Hablamos del chico durante mucho rato, con él también nos había entrado esa sensación. ¿Eso significa que él también era especial?
Teníamos mucho que pensar, y estábamos agotados. Llegó la ora de irse a sus casas.

Cené tranquilamente. También me duche. Y me fui a la cama.

A la mañana siguiente volví con la rutina diaria. Desayuné y me preparé para ir al insti.



Salí de mi casa, pero cuando estaba llegando a la parada de autobuses…
Vi cómo Carlos hacía parpadear todas las luces y como sonaron todos los móviles a la vez.
Fui corriendo, y vi el problema que alteraba a Carlos. Delante de él estaba el chico que ayer entró en mi casa.

Capítulo 2. Autocontrol.

Mi madre entro en mi casa gritando ¡¿Qué pasa, qué pasa?! Y nosotros empezamos a oír como subía las escaleras del doblao corriendo para ver qué había sido esa luz cegadora que se vio desde la calle. La puerta se abrió con un fuerte golpe y se nos quedó mirando a la cara.

-¿Qué ha pasado?-Preguntó aturdida.
-Eh… ¿qué ha pasado?-Pregunté disimulando lo mejor que podía, y me di cuenta de que lo hice bastante bien.
-¿Qué era esa luz que he visto en la ventana?-Preguntó más enfadada.
-A… eso… eso sería la luz de la play, ¿no?-Dijo Jesús pensando la siguiente pregunta.
-No, tan… cegadora no iba a ser la luz de la play, era como… un rayo o algo así.-Dijo, ahora dubitativa y un poco más calmada.
-Pues como ves aquí no ha caído nada, y menos un rayo…-Contesté para hacer que se liara un poco.
-Bueno… es verdad, sería la play…-bajo las escaleras y volvimos a estar solos.
-Uf menos mal, ha faltado poco.-Se tumbó Jesús en el suelo mirando el techo.
-¿Estás cansado?-Me senté-Esto de ensayar los poderes nos cuesta mucho ¿verdad?
-No sé si podré ir a mi casa y todo… jaja.

Mi madre había salido, por lo que la tuve que llamar por teléfono. Esperé hasta el segundo pitido y al final me lo cogió.

-Mamá ¿se puede quedar Jesús a dormir esta noche?-Sabía perfectamente cual sería su respuesta.
-¡¿Qué?!-Lo sabía…
-Ay… que mas te da…
-Carlos que no y ya está-Me colgó.

Las luces empezaron a parpadear y… explotaron. El microondas de repente empezó a calentar, y el lavavajillas a lavar, el grifo a echar agua sin parar, se oía de lejos la lavadora. Y la secadora… Sentía como iba a explotar la casa, y Jesús me intentó calmar.

-Carlos, para-Me agarró el hombro.-Pueden morir muchas personas. Además, nos podemos quedar en mi casa a dormir, creo que mis padres si me dejarán.

Todo cesó, de repente, en un abrir y cerrar de ojos. Caí al suelo sin fuerzas, me desmayé.
Al despertarme me encontraba en un sillón muy familiar, con una tapicería marrón y unos cojines muy cómodos. Estaba en casa de Jesús.

-Al fin te levantas.-Dijo Jesús con un tono aliviado.-Ya he telefoneado a mi padre y me ha dicho que nos podemos quedar aquí a acostar.



Me levanté, me dolía la cabeza. Todo daba vueltas y estaba muy cansado. Jesús me trajo un dulce y un zumo.

-No es bueno que comas mucho hasta que pasen unas horas.-Me explicó.
-Creo que lo podré soportar.
-Y tampoco iremos hoy al gimnasio, no tienes las suficientes fuerzas.

Íbamos todos los días al gimnasio, pero solo para que la gente te piense que tenemos un cuerpo musculoso por eso. Aunque no necesitamos ir porque nuestro cuerpo, al ser especiales, creaba su propia masa muscular sin esfuerzo. Aunque todavía somos chicos y no se desarrolla mucho.

-¡Pero si hoy toca abdominales!-Me quejé.
-Y tampoco es bueno que grites o te enfades. Si haces todo eso se te pasará en unas horas.
-Pues vaya un testamento que me has puesto.-Bromeé.
-Si te controlases un poco más…

En ese momento llamaron a la puerta, y yo me incorporé de un salto y me senté recto.
Jesús abrió la puerta.

-¡Hola!-Gritó Mª José- Y se sentó a mi lado para darme un beso.

Mª José era mucho más chica que Jesús, tenía unos diez años. Era delgada y tenía el pelo ondulado y rubio. Ojos marrones y cara alargada.

-¡Mª José no grites!-Le gritó Jesús.
-¡Si estás gritando tú!-Le chilló.
En ese momento vi como Jesús se mordía el labio y le rechinaban los dientes.

-Mª José no grites, que tu hermano te lo ha dicho por que estoy malo.-Le expliqué intentando relajarla y hacer que Jesús no provocara… bueno, una catástrofe.
-A vale.-Me dijo mientras me abrazaba.
En ese momento se escuchó como empezaba a gritar La Loca.
La Loca era la típica vecina que armaba mucho ruido, pero ella no era tan típica, porque le gritaba a su madre. Y por eso la madre tiene depresiones.

Fue el peor momento para que ella gritase. Jesús estaba enfadado, y ella lo enfadó más. Tanto que… se descontroló.

En ese momento pensé en poner a salvo a Mª José.

-Mª José vámonos a tu habitación.-Le dije tirándola del brazo hasta llegar a su habitación.



Allí cerré las ventanas y nos pusimos a jugar con algo para entretenerla, mientras Jesús se calmaba.
Entonces… escuché como se rompió una ventana… aunque no era la ventana de la habitación en la que estábamos, si no la del comedor.

-Espera que ahora vengo.-Le dije.-No salgas de la habitación.

Fui corriendo a ver qué pasó y vi como Jesús tenía los ojos ardiendo de ira y rabia, con un tono rojizo sangre, que parecía que se le fuesen a salir de sus huecos.
Fui corriendo hacia la ventana rota para ver qué lo había provocado. Asomé la cabeza y vi… ¡todo nevado!
Jesús provocaría un escándalo en la meteorología y habrá cámaras y todo para ver qué habrá provocado la nieve.
En ese momento algo me golpeó la cabeza, una y otra vez. El golpe siempre era el mismo, y no cesaba, sentí como la nieve entraba en la casa y resbalaban mis pies, entonces… caí desde la ventana de segundo piso a la calle por culpa de los golpes y la nieve. Sentía todavía las piedras golpeándome hasta que llegué al suelo.
Entonces escuché como gritó Jesús, pronunciando mi nombre. Y los golpes cesaron. Me empecé a encontrar helado, y sentía como mi temperatura descendía a una velocidad vertiginosa.

Otra vez me levanté en el sofá, pero no había nadie, solo estaba Jesús… dormido. Entonces escuché a Mª José, que se acercaba por el pasillo. Se sentó a mi lado. Decidí levantarme.

-¿Qué ha pasado?-Pregunté.
-¿Ya te as levantado?-Preguntó sorprendida.- Mi hermano me dijo que teníais sueño y que os ibais a dormir un rato.
-A… pues… vamos a dejarlo dormir.

En realidad yo me acordaba de muchas cosas. Desde que me asomé a la ventana hasta que sentía como el frío corría por mis venas. Desde ahí no me acordaba de nada. Suponía que Jesús me habría subido a su casa, después de controlarse, y se desmayaría.

Me puse a jugar en la habitación con Mª José. En realidad no me sentía muy cansado, pero suponía que Jesús tardaría en levantarse, ya que yo ya sentí esa sensación de descontrol y cansancio.

Jesús se levantó un par de horas más tarde. Se le notaba en la cara que seguía muy cansado.

-Hola.-Dijo.
-¿Cómo estas?-Le pregunté.
-Cansado, pero me tengo que levantar porque mis padres vendrán pronto, ya son las siete y media.



-A vale. Bueno, ¿podemos hablar? Hay unas cuantas cosas que no tengo claras todavía.-Miré de reojo a Mª José para ver qué hacía, porque con ella ahí no podíamos hablar.
-Pues… Mª José ¿te quieres quedar aquí sola, que mamá y papá ya van a venir?-Intentó deshacerse de ella.
-¡Vale! ¿pero puedo ir a llamar a mis amigas?
-Venga, vale. Ves corriendo, que te esperamos.

Salió corriendo escaleras abajo, ya que la casa de Jesús es en un segundo piso, porque sus abuelos viven abajo.
Ahora podíamos hablar.

-Explícamelo todo.-Dije impaciente.
-Bueno, pues mira, yo me descontrolé, y vosotros os fuisteis a la habitación de Mª José. Entonces un granizo de tamaño como un puño de una persona adulta rompió la ventana, y tú saliste. Fuiste a ver qué era pero los granizos te golpearon e hicieron que resbalaras y cayeras al suelo.-Dijo con tono de culpa.- Y tú ya sabes por qué no has muerto ¿verdad?
-Por ser especial.-Le contesté triunfante.

Llamaron a la puerta. Eran Mª José y sus amigas.

-¡Hola!-Gritaron las cuatro.
-Nos vamos.-Vi como Jesús empezaba a enfadarse.
-Sí, vámonos.-Dije tirándole del brazo.

Al bajar las escaleras escuché gritar a una de las amigas de Mª José:

-¡A, que frío hace en tu casa! ¡Se me ha helado un dedo!

Jesús se empezó a reír, y yo no le dije nada.
Caminamos durante un largo rato hasta que sonó el móvil de Jesús. Era su padre y nos dijo que fuésemos ya para casa.

-Vámonos.-Dijo Jesús dando media vuelta.

Yo le seguí, estaba deseando acostarme en su casa. Me acordé del pijama.

-Tenemos que ir a por el pijama, a mi casa. Y… tengo que decírselo a mis padres.
-¿Todavía no se lo has dicho?
-No.-Dije temiéndome lo peor.
-¿Te vas a descontrolar?
-Lo más probable, pero intentaré calmarme.
-¡Pero es incontrolable!
-Ya lo sé, Jesús, pero tenemos que tener un poco de autocontrol.
-Pero es imposible.-Dijo pesimista.


-Si no lo intentamos, será imposible.
-Tienes razón, tenemos que intentarlo.
-Tenemos que practicar.-Se nos iluminó la cara.
-Cada tarde iremos a un sitio lejos y allí practicaremos, sin poner en peligro a nadie.
-Podemos ir donde estuvimos antes.
-Ese está bien.-Sonreímos, con ganas a que llegase el próximo día, para venir a practicar.
Llegamos a mi casa, donde estaban mis padres, para decirles lo de acostarme en su casa.

-Mamá, que me voy a quedar a acostar en casa de Jesús.-Dije con una sonrisa en la cara.
-¡¿Qué?!-Gritaron los dos al unísono.

Entró Jesús, sin permiso ni nada, pero se lo agradecía mucho, me iba a ayudar.

-Es que se lo han dicho mis padres.-Dijo mintiendo.
-¿Seguro?
-Seguro. Y yo ya les dije que sí.-Intenté convencerlos, de momento no sentía nada de descontrol.
-Y no aceptan un no por respuesta.-Dijo Jesús, cerrando el tema.
-Bueno, está bien.-Dijo mi madre.
-¡Bien!-Me ilusioné.
Fui a por el pijama, el neceser, y todo lo necesario.
Cuando tuve todo preparado nos fuimos a su casa, y empezamos a cenar.
En la cena no pasó nada sobre nuestros poderes, parece que nos podíamos controlar cada vez más.
Terminamos de cenar a las nueve y media.

-Estaba muy buena la cena, y gracias por dejar que me acueste aquí.-Le dije a los padres de Jesús.
-De nada, me alegro de que te haya gustado.-Dijeron bromeando.

Los padres de Jesús se fueron a dormir, Mª José jugaba en su habitación.
Me acordé de un tema que dimos por zanjado, e intente hablar un poco de ello.

-Jesús… respecto a nuestro secreto…-Dije poco a poco.
-Si vas a hablar de eso mejor cállate.-Él ya sabía por el camino que yo iba.
-Pero es que nunca hablamos de eso, y todavía tengo algunas dudas.-Dije ya enfadado.
-Bueno, está bien, vamos a hablar para aclarar las cosas.
-Vale.-Dije aliviado.-Vamos a ver, ¿tú estas seguro que… bueno… Eric se suicido por nuestra culpa?
-…¿No te acuerdas de la nota?
-¿Qué nota? Tú no me has enseñado ninguna nota.-Dije, pensando en el pasado, intentando acordarme.


-¡¿Cómo que no?! Pues eso es lo más importante.
-¡Lo más importante y no me lo has dicho!-Parpadearon débilmente las luces.
-Vale, tranquilo, todavía la guardo, no fui capaz de tirarla, es el único recuerdo que tengo de él.-Agachó la cabeza.-Espera.

Pasó un pequeño rato, y Jesús vino con un trozo de papel azulado, sucio, arrugado y manchado.

-Escucha, voy a leer.-Dijo abriendo la nota.

Chicos, desde que me contasteis lo vuestro no fui capaz de superarlo, pero no porque me dieseis miedo, sino porque os tenía envidia. Vosotros sabíais que si me hubieseis llevado ese día con vosotros, yo sería también especial.
Siento mucho si os he hecho daño al suicidarme, pero no aguantaba más.
No tenía ni casa ni familia, y ahora veníais vosotros con poderes. Teníais todo lo que yo tengo mas el quíntuple.
Estuve muchos días ensimismado en mí, intentando recapacitar, y decidí que me contaseis cómo os habíais transformado, pero no me lo queríais decir, y ese fue el colmo de todo lo demás, por lo que decidí suicidarme.

No os sintáis culpables, Eric.

Me di cuenta de que se me habían saltado las lágrimas, me las sequé todo lo rápido que pude para que Jesús no me viera, pero el también tenía lágrimas.

-Bueno, pues ya lo sabes todo.-Dijo secándose las lágrimas.
-Ahora me coincide todo.-Dije pensativo.

Paramos de hablar porque vino Mª José.

-Tengo sueño.-Dijo bostezando.
-Es mejor que nos durmamos ya. Mañana hay instituto, y encima es miércoles.-Dijo con cara de asco.

Los miércoles eran los días de bilingüe, y nos quedábamos una hora más. Jesús y yo íbamos a bilingüe, nos gustaba mucho el inglés.
Nos fuimos a dormir después de lavarnos los dientes.

Estuve muchas horas sin conciliar el sueño, pensaba en Eric. Yo sabía que Jesús también se sentía culpable, aunque no lo queríamos decir. Eric no era una persona muy amable, pero sabíamos que era porque estaba solo, sin nadie, y sin casa… A veces nosotros le llevábamos comida, pero cuando no podíamos él tenía que robarla, era muy astuto y escurridizo. Lo pillaron varias veces, pero siempre conseguía escapar. Vivía muy lejos del pueblo, donde los habitantes llevaban las cosas que no eran válidas o estaban estropeadas, a ese lugar lo llamábamos El Lejío. En ese lugar había de todo, muebles, ropa, juguetes, libros, cromos, agujas, drogas, una central eléctrica… En esa central fue donde nosotros… nos transformamos.


Recuerdo perfectamente ese día; fuimos a buscar a Eric después de una larga caminata, pero no estaba en su “casa”. Su casa era un colchón sucio en el suelo, con unas cuantas mantas y poco más…
Pensamos que estaría cerca de allí, pero habría ido a robar comida al pueblo. Encontramos como una clase de central eléctrica. Empezamos a escuchar ruidos dentro, y decidimos entrar, pensábamos que era Eric, pero allí no había nadie. Los ruidos salían de una gran máquina en la que había un cartel que ponía Peligro de muerte. Decidimos salir de allí, pero me empezó a doler a doler la cabeza. No era un dolor normal, era como pinchazos cada vez que sonaba ese ruido, empecé a gritar, miré a Jesús, él también estaba gritando. Pensé que sería por culpa de la máquina, que ese sería el peligro de muerte, y pensé que íbamos a morir. El dolor era insufrible, me pitaban los oídos, nos sangraba la nariz, teníamos las venas hinchadas, y entonces… una explosión en la máquina. No sabíamos si era una explosión, pero una onda nos lanzó contra la pared. Y desde ahí no me acuerdo de nada.
Nos levantados en el mismo sitio, los dos a la vez. No sabíamos bien qué nos había pasado, pero desde ahí teníamos los poderes.
Los primeros días fueron dificilísimos, no podíamos controlarnos, y además no sabíamos que teníamos poderes. Pero con el paso del tiempo uno se acostumbra, y cada vez nos controlamos más…

Al final el sueño se apoderó de mi.

Capitulo 1. Secretos.



- ¿Sabes guardar un secreto?- dijo con un tono casi inaudible- Somos especiales…


Como todas las semanas Carlos se levantó para ir al instituto a las siete de la mañana. Siempre cabreado por tener que levantarse a esa hora.
Estaba cansado como siempre, ya que todos los días hacía mucho ejercicio.

Se vistió y desayunó. Cuando estuvo preparado salió de su casa para coger el autobús escolar que lleva de Torremejía a Almendralejo.

En la parada Jesús ya llevaba un rato esperando cuando vio a Carlos. Entonces salió en su busca porque le tenía que contar muchas cosas como todos lo días.
Se contaron lo que hicieron después de recogerse el día anterior y cosas por el estilo.

Cuando llegaron a la Plaza del Vino Jesús siempre iba rápido y Carlos no se iba con él en el camino hacia el insti, sino con Flores.
Carlos se llevaba bien con Flores pero su mejor amigo por excelencia era Jesús.

Era lunes. Y ya en el pasillo se escucharon unos cuantos bua ya esta aquí. Y, efectivamente, venía la profesora de sociales resoplando como siempre.

Entraron todos en clase, Jesús ya con su vida happy alborotando su clase. Rui -el profesor de lengua- pidió silencio pero ellos seguían hablando, aunque Rui era un buen profesor y no dijo nada.

En el recreo Carlos buscaba desesperado a Jesús.

- Bueno y vosotras que tal- preguntó Jesús en alto.
-Bien. Bueno Blanca que nos tenemos que ir a estudiar para un examen de matemáticas de polinomios y más palabras raras.- Dijeron las amigas de Blanca.
- Vale pues adiós.- Dijo Blanca un poco desilusionada.
-Qué tengáis suer… - Jesús no pudo terminar la frase porque le habían tirado de la camisa y se lo llevaban a un rincón.
- Pero que haces suel… A solo eres tú.
- No sabes que me a pasado hoy en lengua.- Dijo Carlos impaciente.- ¡No me he podido controlar y por poco achicharro a Flores!
- ¿¡Qué!? ¡Estas loco!
- No lo pude evitar… me puso histérico. - Dijo Carlos sintiéndose culpable.
- Pero… ¿está bien?- Preguntó preocupado.



-Sí pero… lo llevaron a jefatura a curarle el pequeño moratón.
-Pero… ¿sospecha?
-Creo que no, solo fue una pequeña…
-Hola, ¿qué hacéis aquí?- Preguntó Blanca enfadada.
-Pues…
Sonó el timbre que finaliza el recreo.
-Nada, que me voy a clase.- Dijo Carlos mientras iba en dirección a su aula.
-Ten más cuidado…- Le dijo Jesús en tono amenazante.

Las demás clases pasaron muy despacio. Flores ya no se hablaba con Carlos y el pensaba que había sospechado un poco. De todas formas podía juntarse con Antonio. Y eso es lo que hizo.

-Antonio. - Le llamo Carlos.
-Eh, tu no te juntes más con Flores que ahora va diciendo por ahí que tu las dado un calambrazo o algo… - Le recomendó Antonio.
-¿Que yo qué…? A ese se le ha ido un poco la cabeza. Yo solo le he… pellizcado.
-Pues se está inventando que las lanzado una chispa o algo así.
- Es que él es muy sensible… le molesta todo…
-Es un estúpido.
-Es que… - Carlos no terminó la frase por culpa de la maestra.
-Haber chicos callaros…- Dijo la profesora de Naturales.

Desde ese momento no volvieron a hablar hasta que terminaron las clases.

En el autobús Carlos y Jesús se sentaban juntos. Y empezaron a hablar sobre lo de Flores:

-¿¡Qué crees que sospecha!?- Preguntó Jesús enfadado.
- Eso pienso… pero no creo que se ponga a pensar en que tengo el poder del rayo, ¿no?- dijo Carlos inseguro.
- Probablemente no. Aunque si dijera algo le tomarían por loco.
-Si pero… no se.
-¿Y que te a dicho él?
-… No me habla.
-Amm…

Llegaron a Torremejía y todos se fueron a casa.

Cuando Jesús entró, su madre ya tenía preparada la mesa con unas calientes alitas de pollo en el plato y una refrescante casera de naranja.

- Hola-dijo Jesús al entrar.
- ¡Hola! - Grito Mª José, su hermana.
- Bua, ¡que no grites!
- ¡Mama! ¡ya empieza el tato! - grito más fuerte Mª José.
- Hay niña que te calles. - Jesús pasó de ella.


-¡Mamá!
-¡¿Qué Mª José?! - Grito la madre.
-¡Que el tato no me deja!
-¡Pero si no te he hecho nada!
-¡Ah! ¡Déjame ya!
- Que…

Los dos pararon de discutir porque sus padres llegaron a comer, y todos empezaron.

- Que rica están las alitas.- Dijo Mª José.
- A si… - susurro Jesús de forma que nadie le oyó.- Pues ahora verás.

Entonces cuando nadie miraba a Jesús él estiró la mano y las alitas de Mª José se empezaron a congelar…

-Mamá ¡qué frías están!-gritó Mª José con una alita pegada a la lengua a causa del hielo.
- Jajaja- rió Jesús por lo bajo. - ¿Están congeladas?
-¿Se te han olvidado freírlas?- preguntó su padre.
-¡¿Qué?! ¿cómo se me van a olvidar?- preguntó la madre.
-Pues… están heladas…- Dijo Jesús todavía con la risa.
- Pues las calentaré…

En casa de Carlos las cosas no eran muy diferentes…

-Mmm helado.- dijo Daniel con hambre.
-Yo lo de fresa- Pidió Carlos.
-¡No, lo de fresa yo!-Gruñó Daniel.
-Bueno pues yo lo de vainilla…
-¡No! Ese me lo he pedido yo-Gritó Rafa.
- Si y ¿yo?- Preguntó Carlos.
- Pues el de chocolate.- Dijo su padre.
-Pues no, porque ami el chocolate no me gusta.- Dijo con cara de asco Carlos.
-Ave, pero tu déjale eso a tus hermanos…-Le dijo la madre.
-Pero y ¿yo?
Nadie le hizo caso. A Carlos le molestó muchísimo.
Las luces empezaron a parpadear y de repente el helado estaba hirviendo…
Hasta que todo paró, pero el helado estaba derretido.

-¿Qué… ha pasado?- Preguntaron todos.
-¡Ah! El helado quema.-Gimió Daniel.

Entonces Carlos se fue a tranquilizarse a su habitación y se puso a leer un poco. Hasta que…

-¡Carlos, Jesús!-Gritó la madre.
-¡Ya voy!


Carlos se dirigió a la puerta, y, por la cara de Jesús, sabía que iban a dar un paseo.

- Me voy. - Carlos se fue antes de que respondieran.

Anduvieron hasta la esquina cuando Jesús empezó a hablar.

-Uff, yo en mi casa ya no puedo más…
-Ni yo en la mía… hoy he derretido un helado y también he hecho que parpadeasen las luces.
-Pues yo he congelado la comida a mi hermana…
-Esto no puede seguir así…
-Ya lo sé pero nosotros nos resistimos a no usar nuestros poderes pero es que nos ponen de los nervios y resulta imposible- Susurró Jesús.
-Es demasiado difícil…
-Si pero no podemos desvelar nuestro secreto…
-Ya lo sé, solo digo que necesitamos controlarnos…
-Tenemos que practicar.